No voy a esconder mis preferencias: Chris Huelsbeck es dios, y Turrican II su obra. No es por nada que abro este blog con esta fastuosa oda a la ciencia-ficción que es “The Final Fight”.

Y quién iba a decir, allá por el lejano año 1991, que el músico y programador alemán firmaría para la posteridad una de las bandas sonoras más legendarias de toda la historia de los videojuegos. Con un aceptación plenamente vigente a día de hoy (dado el éxito de sus campañas de crownfunding para trasladar su obra al presente, orquesta mediante). Y es que lejos de otras bandas sonoras que envejecen muy mal con el avance de la tecnología y el paso del tiempo, la música del germano es perfectamente disfrutable a día de hoy. Este milagro compositivo es también fruto de haber sabido exprimir el prodigioso chip Paula del Commodore Amiga mediante el TFMX de su creación (“The Final Musicsystem eXtended”, Chris Huelsbeck también tiene la machada en su haber de haber desarrollado un tracker propio para Amiga al no adaptarse en aquella época Soundtracker a sus necesidades).

 

Turrican-II-Amiga

 

Un hit para la posteridad

“The Final Fight” constituye un grandísimo ejemplo de lo a mi entender debe ser la principal característica en toda composición para videojuegos: la capacidad de transmitir una historia a partir de la música. Y vaya historia: “roboses”, cruceros estelares; y un genial villano biónico, La Máquina, provisto de una armadura que no desentonaría en un capítulo de “Caballeros del Zodíaco”). Un trabajo muy bien hecho, ya que desde las primeras tres notas que dejan paso al más que reconocible arpegio se nos deja claro que a) estamos en el futuro y b) es una historia épica, muy épica. A medida que transcurre la intro y las imágenes estáticas (puro amor pixelado) desfilan ante nuestros ojos descubrimos una genial pieza de orfebrería sonora que va desgranando la historia de Bren McGuire y la armadura que da nombre al juego. Para ello la composición no se anda con rodeos y suelta toda la artillería en los primeros compases, mostrándonos claramente el leitmotiv de toda la saga (el impagable tiruri tiruri ti tiri), para seguir a continuación con esa genial construcción de lead y sinte en sierra por debajo, fácilmente tarareable para cualquier seguidor.

 

tfxm

Qúejate tú de Ardour.

 

Mención especial merece la percusión, ochentera a rabiar en todo momento, con rotundísimos samples para bombo y timbales, caja con mucho clap y un discretísimo hi-hat.

Tras el arranque la entrada de la potente estrofa, encargada de sentar las bases tonales que sostendrán el resto del tema, es seguida por un espectacular barrido. Es a partir de aquí en donde gana protagonismo un bajo (para el cual Huelsbeck usa varios samples a lo largo de toda la pieza) algo mecánico hasta entonces, que se presta ahora a dibujar algunos solventes patrones. La estrofa enlaza directamente con el motivo principal, verdadero hilo conductor del tema, y que en esta segunda vuelta se graba ya a láser en el cerebro. Tras lo cual llega el primero de los dos cambios encargados de disminuir la intensidad del tema, siendo especialmente destacable el bajo en slap que hace acto de presencia aquí. En estos pasajes más tranquilos se demuestra la especial capacidad de Huelsbeck para componer esos diseños de arpegios y acordes de apoyo que constituyen una de sus señas de identidad más reconocibles.

 

turrican II intro

Estaba claro que la música que se compusiera para esto sólo podía molar.

 

Después del interludio y tras una muy conveniente subida a tercera del leitmotiv (láser, cerebro), Huelsbeck vuelve a bajar las revoluciones para entrar en el segundo de los interludios (éste bastante más largo que el anterior). Aquí es donde hace aparición las marimbas (¡space marimbas!), instrumento que sorprendentemente y a pesar de lo que pudiera pensar en un principio encaja muy bien en entornos ci-fi. El bajo aquí es especialemente interesante, un bucle muy entretenido que un buen bajista sabrá valorar. Huelsbeck teje aquí una de las partes más fascinantes del tema, en donde los instrumentos van alternándose construyendo una parte con muchísima personalidad, con contínuas referencias a elementos anteriores y terminando una vez más con el leitmotiv para enlazar con un final un tanto descafeinado para mi gusto (único detalle “negativo” de la composición). Es en esta última parte donde Huelsbeck juega con algunos cambios de tonalidad (otra de sus señas de identidad) para mostrarnos la grandeza de la ciencia-ficción que atesora Turrican II, con todos los componentes encajando en una genial muestra de lo que debe de ser un tema para videojuegos: largo, con multitud de variaciones y cambios de intensidad muy bien escogidos, y esa innegable capacidad de no aburrir el oído en ningún momento. No es por nada que el germano se ha ganado el corazón de muchos jugadores amantes de la ciencia-ficción, convirtiéndose en una de las primeras “estrellas del rock” en este fascinante mundo de la composición para videojuegos, y en una de las referencias musicales que más ha influido en mi obra.

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